Cuestionando(me)

Marielle Cámara

Últimamente he habitado con un demonio, en estos días que últimamente he estado sola.

Me tomó de sorpresa, nunca anunció su llegada, decidió que este espacio era un lugar cómodo y se sentó con su expresión indiferente y sus mangas arremangadas. 

Comenzó a contarme sobre lo absurdo que era el mundo: los sueños, las personas, los ideales, todo. «Este mundo es uno lleno de contradicciones», me dijo al llegar, pasándome el cigarro que no llevaba mucho tiempo de haber encendido, «vaya que ninguno de ustedes sabe realmente de qué trata su existencia, ni logran deducir la torpeza detrás de las creencias de las que tanto se aferran». Aquella noche hablamos hasta altas horas de la madrugada.

Ese fue el comienzo de mis conversaciones con aquel sujeto que lleva ya unas cuántas semanas de huésped. Me ha dado una perspectiva que no tenía y que en otros tiempos más idealistas hubiera juzgado y rechazado inmediatamente. Sin embargo, aquí estoy contemplando mi vida y la de los demás a través de esta nueva mirada. De pronto pienso que mi forma de entender los sueños, por decir algo, ya es tan diferente a lo que era antes que ya ni me siento cómoda llamándolos «sueños». No sé cómo los llamaría, pero de pronto «sueños» suena una palabra caduca, que no le hace representación justa a lo que hoy pienso de ellos. 

Desde la visita de este demonio las cosas han cambiado. Yo he cambiado. Después de compartir varios cigarros con él lo he conocido mejor y, creo que he conocido también una parte que no conocía de mí misma.